Saliendo del modo robot (II)

Necesitamos maestros auténticos, menos individualistas y mucho menos robots; dejemos de ser cuadriculados y demostremos interés por los estudiantes, no caras largas.

En el artículo anterior y este, he querido poner el dedo en la llaga, pues lo necesitamos. Somos positivos, pero el diagnóstico permite mejorar el desempeño. El modo robot existe y para que la sociedad se libere de vivir en él es indispensable que padres y maestros tomemos a consciencia el rol importante que nos compete. La primera responsabilidad que tenemos es la de liberarnos nosotros primero, como adultos, de vivir en modo robot.

Necesitamos expulsar de nuestra alma la causa central de que como padres y maestros no funcionemos: nuestro pensamiento individualista y egoísta.

Conozco no pocas personas que solo han deseado tener descendencia por “no irse de este mundo sin haber tenido un hijo”, desean “cumplir como seres humanos” o “con lo que corresponde según la edad que tengo”. Otros procrean pues “qué va a ser de uno cuando llegue la vejez”, “quién me va a cuidar”. Estas razones las he escuchado y revelan un egoísmo profundo; consciente o inconscientemente pensamos que los hijos o son “una carga que había que traer” o son “nuestra propiedad”: ¿acaso no ponemos nombres a nuestros hijos como si fueran mascotas? ¿No deseamos que de adultos sean lo que consideramos que es adecuado según nuestras consideraciones? ¿No preferimos cumplir con nuestro trabajo y amigos antes que compartir más con la pareja y nuestros niños?

¿Preguntamos sobre lo que piensan sobre los asuntos de familia? ¿Les damos responsabilidades en casa o preferimos tener empleada porque es “más fácil” pagar a otra persona que educar a los hijos e hijas para que sean útiles en el hogar junto con nosotros?

Como tutor de aula, constaté que estas opiniones y consideraciones se han hecho realidad en muchas familias. Lo sufrí como maestro. Por supuesto que hay excepciones y son bastantes, pero no son la mayoría. 

Mucho cuidado con lo que trasmitimos a nuestros alumnos.

Es paradójico, pero resulta ser un egoísmo, un individualismo sin real autoestima. No somos los adultos que deseamos ser, sino lo que la sociedad consumista y antihumana nos ha dicho que debemos ser; seguimos el camino que nos impone y no seguimos nuestro propio derrotero. Sí, somos robots. No somos libres, no hemos construido una real autonomía, seguimos un chip incorporado antes que nuestra consciencia.

Por eso sufrimos por “cumplir” material y económicamente con la familia cuando era mejor nuestra presencia y consejo sano, y no sufrir tanto por el dinero. Preferimos sudar la gota gorda para dejar a nuestros hijos más bienes que una buena formación espiritual y equilibrio emocional, la cual resulta más barata y más plena.

Los maestros también dirigimos nuestra profesión de manera egoísta e individualista. Lo sé bien. Nuestras posiciones frente a los estudiantes, padres de familia y la institución educativa lo revela: ¿No creemos, acaso, que solo debemos ser instructores y no formadores pues es más fácil escribir en la pizarra y hacer llenar un cuaderno que educar personas?¿No somos repetitivos, aburridos, quejones, cuadriculados, pesimistas, maleducados, irresponsables, rutinarios y huelguistas pues “la paga no es buena”, “tengo muchas cosas que hacer”, “los padres no colaboran”, “la escuela no me da todo”, etc.? Primero pensamos en nosotros y no en los niños y adolescentes. Queremos hacer el menor esfuerzo posible y cuando solicitan nuestra colaboración no queremos, no deseamos que nos quiten el chip de la complacencia y nos impulsen a salir de nuestra zona de confort.

Salgamos de nuestra coraza y tengamos presente, como padres y maestros, que nuestro objetivo es desarrollar toda la potencialidad que tienen los jóvenes para que sean individuos logrados, autónomos y libres.

Probemos, por ejemplo, desarrollando el pensamiento divergente, tema de nuestro siguiente artículo.


Educador (PUCP), capacitador, consultor, editor, corrector de textos, expresidente de la Asociación Peruana de Lectura (Apelec), miembro de Ascot Perú y presidente de la Asociación Peruana de Pedagogía y Psicología Educativa (Pedapsi)
pedapsiperu@gmail.com

948717841/945466293


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