La Fiesta de Amancaes: una tradición que duró 400 años

Una de las celebraciones más arraigadas de Lima, fue la Fiesta de Amancaes; tradición que duró 400 años, teniendo como escenario la Pampa de Amancaes en el Rímac.

Por: Darío Mejía

El 24 de junio, día de San Juan, marcaba el inicio de las visitas a la Pampa de Amancaes, siendo esa fecha la principal en el calendario de actividades que se realizaba por tal celebración.

El motivo de visitar dicha pampa fue, al inicio, el de merendar en una hermosa y agradable área verde, apreciando al mismo tiempo las numerosas flores grandes y amarillas que crecían al pie de las colinas que rodeaban la pampa y que se conocían con el nombre de “amancaes”.

Cuentan los cronistas de la colonia que estas visitas a la Pampa de Amancaes empezaron en el año de 1549 cuando don Andrés Cinteros, un adinerado minero, decidió establecerse en Lima fundando una capilla, en donde más adelante se edificó el templo a Santo Tomás, de la cual al termino de algunas ceremonias religiosas especiales, se dirigía con sus invitados, en paseo ecuestre, a merendar a las Pampas de los Amancaes (Aurelio Collantes, Documental de la Canción Criolla, Lima 1972).

Cuando en 1610 se terminó de construir el Puente de Piedra que comunicaba a Lima con Abajo el Puente (Rímac), los paseos a la Pampa de Amancaes tomaron mayor importancia, reforzándose aún más cuando el Virrey Juan de Mendoza y Luna, Marquez de Montesclaros, hizo construir la llamada Alameda Grande, hoy de los Descalzos.

Manuel Zanutelli Rosas en su libro “Canción Criolla: Memoria de lo nuestro”, Lima 1999, señala que Juan Antonio Suardo en su “Diario”, escrito entre 1626 y 1639, dice que a la Pampa de Amancaes concurrían hombres y mujeres con meriendas e instrumentos de música, danzas y otros entretenimientos. Zanutelli también menciona que Joseph de Mugaburu cuenta que el Duque de la Palata, Melchor de Navarra y Rocaful, frecuentaba la Alameda, pero a veces distanciaba sus paseos un poco más allá en compañía de su esposa, hacia el lugar conocido después como Pampa de Amancaes, y que los virreyes posteriores a él lo imitaron. En ese paraje había perdices y venados, que incitaban a la caza a los visitantes. Ello fue por los años 1681-1689, pero esas cacerías fueron esporádicas y ahí terminaron, cuenta Aurelio Collantes en su “Documental de la Canción Criolla”, Lima 1972.

Conforme fue pasando el tiempo, a la Pampa de Amancaes, asistía tanto el señorío aristocrático como la gente del llano. Se podría decir que la fiesta de San Juan o Fiesta de Amancaes vino a ser el primer paso hacia la confraternidad democrática en la ciudad de Lima.

El escritor costumbrista Felipe Pardo y Aliaga se ocupó también sobre Amancaes a través de una crónica muy alegre, “El Paseo de Amancaes”. Ello fue el 22 de setiembre de 1840 y apareció en el periódico de costumbres “El espejo de mi tierra”. Dicha crónica despertó más el interés por las Pampas de Amancaes que visitarlas se convirtió en una especie de rito obligado.

Cuenta la tradición que el Gran Mariscal Ramón Castilla invitó el 24 de junio de 1851 al General argentino don Bartolomé Mitre a las Fiestas de Amancaes y que, por rara coincidencia, ambos jinetes fueron lanzados por sus cabalgaduras; pero ambos volvieron a montarlas y después de lucir por un buen rato sus condiciones de jinetes, dieron inicio a una de esas jaranas inolvidables.

Manuel Ascencio Segura, escritor costumbrista y autor teatral que retrató con ingenio a la sociedad peruana del siglo XIX, dedicó una de sus obras teatrales a la tradicional fiesta limeña, “Lances de Amancaes”, la cual fue estrenada en julio de 1862, pero escrita con anterioridad. En dicha obra, Segura muestra el ingenio criollo, jaranista y pícaro de quienes solían asistir a la Pampa de Amancaes, haciendo bailar la zamacueca y mencionando también el cajón en su obra, por lo que se podría considerar como una referencia histórica de la ya existencia del cajón por esos años.

Manuel Atanasio Fuentes (Lima. Apuntes históricos, descriptivos, estadísticos y de costumbres”, París 1867), cuenta que los paseos a las lomas de Amancaes empezaban el 24 de junio, día de San Juan. Fuentes dice: “El sitio es hermoso y agradable; las altas colinas que rodean una extensa pampa se cubren de verdura sobre la cual se elevan numerosas flores grandes y amarillas llamadas amancaes, y una inmensidad de florecillas de varias clases y colores, y entre ellas la conocida con el nombre de San Juan porque principian a salir en ese día. En la pampa existen varios ranchos o barracas cuyos dueños venden comestibles y licores. En los días de mayor concurrencia, que son los domingos y lunes, se encuentran en esas barracas algunos arpistas y guitarristas y se improvisan, dentro de ellas, bailes en que no se conocen polkas ni mazurcas sino zamacueca. La zamacueca ha sido el baile nacional más eminentemente popular; hoy en que la galopa, la polka y el valse tempestuoso han lanzado de los aristocráticos salones al minúe, al londú y a la cachucha, bailes favoritos de nuestros padres, la zamacueca se ha visto también condenada a aparecer de vez en cuando en las íntimas reuniones de familia, para ejercer su dominio únicamente en la casa del obrero, en la de la mujer de vida alegre y en las cabañas de Amancaes.”

Fuentes añade: “La concurrencia a ese lugar es muy numerosa en ciertos días y se compone de individuos de toda clase social. Se puede ir a la pampa a pie, en carruaje o a caballo. Desde el establecimiento de los coches públicos ha desaparecido el balancín, pesado y viejo vehículo, tirado por dos caballos y manejado por un negro que cabalgaba sobre uno de ellos. (…) Hemos dicho que el baile de Amancaes es la zamacueca; la orquesta para ese baile se compone de arpa y guitarra, y a estos instrumentos se agrega una especie de tambor, hecho regularmente de un cajón cuyas tablas se desclavan para que el golpe sea más sonoro. Tócase este instrumento con las manos o con dos pedazos de caña, y es difícil formarse idea de la pericia y oído con que el negro que toca el cajón, sigue el compás de la música y anima a los bailarines. Como el cajón es el alma de la orquesta, la plebe ha dado a la zamacueca el nombre de polka de cajón. ”

Carlos Prince en su obra “Fiestas Religiosas y Profanas”, Lima 1890, señala: “La zamacueca conservando siempre su índole y el genio de su música, ha sufrido varias denominaciones, como por ejemplo: maisito, ecuador, zanguaraña, chilena y últimamente marinera. En otros tiempos de bonanza, han habido en Amancaes aficionados tan fanáticos e idólatras de la zamacueca que, de puros cantores, han obsequiado hasta media onza de oro a una de esas bailarinas, por su buena ejecución.

Los muchachos de “La Palizada” solían asistir a la Fiesta de Amancaes a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX. Ellos eran todo un espectáculo cuando se dirigían en sus briosos caballos hacia la Pampa donde se amanecían celebrando la fiesta del 24 de junio. Eudocio Carrera Vergara relató una crónica, “Un paseo a la Pampa de Amancaes”, divertida, pícara y criolla sobre uno de los tantos paseos a Amancaes de estos muchachos, la cual fue publicada en su libro “La Lima Criolla de 1900”, edición corregida y aumentada, Lima 1954.

El legendario dúo Montes y Manrique fue el primero en realizar una grabación alusiva a Amancaes. En 1911 grabaron en New York, para la Columbia, la pieza imitativa “Un paseo a Amancaes”, donde alegremente cuentan su paseo en carreta hacia la Pampa de Amancaes.

(CONTINUARÁ)


Dario Mejia
Melbourne, Australia
Escrito el 24 de Junio de 2005
Actualizado el 23 de Junio de 2010

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